Soy un papá de dos niños de 5 y 9 años que van al colegio en Madrid y llevo tiempo escuchando opiniones sobre la cantidad de deberes que traen a casa los niños de hoy en día. Yo pertenezco a la generación de los que estudiamos en el cole a finales de los setenta y principios de los 80. Todos coincidimos en que no traíamos deberes a casa hasta que teníamos por lo menos 10 años, mientras que ahora empiezan al menos dos o tres años antes.

Seguramente los profesionales de la materia, maestros, pedagogos, psicólogos, etc. tendrán una opinión fundamentada y avalada por estudios serios que permita argumentar la necesidad y cantidad adecuada de deberes según la edad. En el caso de los padres, la sensación general es que tienen tantos deberes que los efectos negativos de cansancio, desmotivación, enfados diarios entre padres e hijos y entre padres a secas hacen que cualquier efecto beneficioso de los deberes en casa quede diluido.

En este tema, como en casi todos, es difícil generalizar porque cada niño es un mundo. De mis dos hijos, el mayor nunca encuentra el momento para ponerse a leer, escribir con buena letra o ilusionarse por los contenidos del temario de turno. La pequeña sin embargo adora los libros. Para ella seguramente casi cualquier sistema funcionaría. Para el mayor tenemos que buscarnos la manera de trabajar con él cada día. Sin embargo, mi hijo no tiene ningún problema, más allá de eso, es una persona con unas dotes sociales excepcionales. Todos son amigos suyos, disfruta contando historias, chistes y anécdotas. Es un vendedor como no he visto otro y, sobre todo, tiene una sensibilidad hacia cualquier tema humano que es un auténtico tesoro. Tiene un perfil de humanista adulto, pero le falta madurez para darse cuenta de la importancia de adquirir los conocimientos básicos en matemáticas, lengua, ciencias, arte, etc. Seguramente llegará un momento en el que sentirá interés en los temas académicos, pero probablemente será después de primaria.

Mi colegio ideal


Todo esto me lleva a pensar en cómo sería entonces el colegio ideal donde podrían aprovechar al máximo mis dos hijos que están en los polos opuestos, no de inteligencia, pero sí de motivación.  Casualmente hoy he leído un artículo donde dan las claves del colegio que obtiene las mejores calificaciones en el famoso informe PISA que clasifica a los colegios de Europa. Tampoco digo que el informe PISA deba ser el faro que nos guíe, pero desde luego, en el colegio número uno según PISA tienen un enfoque de la educación increíblemente radical.   Este enfoque se resume en los siguientes puntos:

Escuela finlandesa
  1. 650 niños y 110 adultos trabajando con ellos al año. Ratio de 6/1 supongo que incluyendo personal de limpieza, comedor, etc. Alrededor de 23 niños por clase.
  2. Consideran que cada niño es único.
  3. Antes de aprender debe haber amor, límites, cuidado, seguridad y bienestar.
  4. Los profesores deben tener formación especial sobre las necesidades de los niños.
  5. Cooperación entre los profesores y planificación conjunta.
  6. Coordinación de la educación entre el colegio y los padres.
  7. Aprender haciendo.
  8. Sentido de comunidad.

Ya se aprecian algunas diferencias con lo que nos encontramos cada día. En este punto quiero decir que no creo que los padres seamos los buenos y los profesores los malos de esta película, si no que debemos trabajar juntos como dice el punto 6. Seguramente ya lo hacemos, pero es necesario hacerlo más y mejor.

Volviendo a la filosofía del colegio Finlandés dicen que tienen un sueño. Un sueño!!!! Aquí no estamos muy acostumbrados a tener sueños en relación a la educación. Quizás ese es el problema.

El sueño en la escuela Saunalahti se resume en que cuando los niños se vayan a casa cada día:

1. Se conozcan mejor a sí mismos. Sus fortalezas y debilidades.
2. Sientan que pertenecen a una comunidad.
3. Hayan aprendido lo máximo de lo que sean capaces y sigan con ganas de aprender.
4. Sean capaces de encontrar su lugar en el mundo.
5. Hayan aprendido a querer y cuidar a los demás.
6. Tengan raíces y alas.

Se comenta por sí solo.

Si hablo con amigos que fueron al cole en los 70-80 me dicen que nuestro sistema no era nada bueno, pero que aquí estamos, abogados, economistas, científicos, panaderos, mecánicos… y siendo buenas personas y bastante felices. La verdad es que de lo que aprendimos en el colegio no nos acordamos prácticamente de nada. Seamos realistas. Tú, padre o madre que estás leyendo esto ahora, ¿sabes hacer una raíz cuadrada, las partes de una flor o una célula, historia más allá de la guerra civil o el descubrimiento de América, etc?. Y lo más importante, entendimos poco de los conceptos importante que hay detrás.  Seamos sinceros, se puede mejorar.

Otros amigos me dicen que lo importante es que los niños deben tener el cerebro ocupado haciendo/pensando/inventando cosas. Totalmente de acuerdo, pero sin la motivación adecuada es difícil hacer/pensar/inventar. Y hay muchos niños que no están motivados con las cosas que se trabajan en el colegio. De nuevo, hay cosas que mejorar. Insisto en que los colegios y los profesores no son los malos de esta película. Soy de los que creo en el concepto de comunidad educativa y los resultados son los de todos, padres incluidos.

En resumen, parece que la mejor receta para hacer personas, para hacer comunidad, país, mundo se basa simplemente en coordinar a los padres y al colegio, ser valiente para poner ante todos POR ESCRITO nuestros sueños como personas y como comunidad sin sentirnos ridículos, considerar las particularidades de cada niño/persona y, claro, dedicar recursos en función de la importancia que tiene la educación; es decir, los máximos posibles.  Seamos valientes y dejemos de pensar que nuestros hijos tienen que sacar buenas notas para llegar a la universidad y tener un buen futuro a costa de su presente de niño que no volverá.

P.D. Propongo pegar la zona recuadrada en cada puerta de cada casa y de cada aula, para ver qué nos preguntan los niños sobre él hasta que se hagan adultos.

Firmado. Un padre.

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